| El libro álbum |
| Escrito por Silvia Valencia |
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El concepto de Libro-álbum tiene más de cien años y se le atribuye al escritor para niños de nacionalidad inglesa, Randolph Caldecott (1846- 1886). Recordemos que antes habíamos nombrado una gran tradición de libros ilustrados donde encontramos Orbis Pictus de Comenio entre miles de libros que incluyen ilustraciones que acompañan el texto como paratextos (letras capitales, portadas) y que sin duda hacen parte de la genealogía de los Libros-álbum, pero se reconoce en Caldecott una nueva forma de mirar la ilustración en los libros para niños; una expresión artística se asoma en sus dibujos que no se contentan con mimetizar lo que dicen las palabras sino que contribuye creando nuevas redes de sentido.
Para que el libro ilustrado, entendiendo este como unión de códigos sin interdependencia, y el Libro-álbum pudieran existir, hubo una pequeña revolución necesaria, que diferenciaría al niño del adulto. Kenneth Morantz (2005) nos recuerda: “Si los jóvenes no se hubieran emancipado del mundo laboral de los adultos, no habría existido la necesidad de crear libros para niños (P. 15)”.
La concepción de niño, como ser diferenciado del adulto y no como un adulto en ciernes, fue vital para la creación y producción de textos dirigidos exclusivamente a este público. Este tema que puede ser abordado con mucha más extensión en un análisis de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) es preciso tenerlo en cuenta para entender la aparición del género.
La construcción de la infancia es, por supuesto, un proceso continuo: el concepto "infancia" no es fijo y constante. Pero entre las postrimerías del siglo XVII y la mitad del siglo XX ocurrieron los mayores y más irreversibles cambios en la imagen de la infancia, en el sentido de que todos los niños del mundo son ahora pensados como acreedores a ciertos principios y derechos comunes a la infancia. A menudo no los alcanzan, pero no tenemos dudas de la importancia de los llamados hechos en su defensa. (Cunningham, 1994, p. 5)
Hugh Cunningham nos señala la aparición de principios y derechos de la infancia que no se tenían en cuenta antes del siglo XVII. Los niños, “pequeños mineros en potencia” debieron liberarse, tal como lo propone Morantz, del yugo laboral para encontrar sus necesidades especificas, las mismas que los editores, aún hoy, saben aprovechar muy bien. Sin posibilidades de leer el código lingüístico, los niños pequeños, se encuentran por fuera del mercado editorial, con la aparición de los Álbumes o libros ilustrados se abrió, además de un nuevo mercado, una nueva posibilidad artística. De allí que, como lo señala Uri Shulevitz (2005), ganador de la medalla Caldecott[1]: “no es mera coincidencia que el concepto de Libro-álbum haya sido desarrollado en mayor medida por artistas visuales que por escritores”. (Shulevitz, 2005, p. 11).
Características.
En el Libro-álbum se construye un código que al lector se le propone recodificar. Este código nace de la unión del código lingüístico y el código icónico en una relación de complementariedad. A la imagen se le otorgan funciones del texto y viceversa, como lo explica Teresa Colomer (2005), no sólo la imagen se encarga de ilustrar acciones sino que ahorra la descripción de escenarios y tramas secundarias:
El trasvase hacia la imagen afecta a casi todos los elementos narrativos. Un trasvase muy visual es el de confiar a la imagen la descripción de los personajes, de los escenarios e, incluso, de las acciones secundarias de los personajes (Pág. 41).
Sin duda encontramos más imagen que texto en los Libros-álbum que se consideran como una forma de arte visual más que como arte literario. Pueden encontrarse Libros-álbum sin texto, casi siempre dirigidos a los más pequeños que todavía no manejan el código alfabético, y no por ello dejan de contar historias. En los Libros-álbum las imágenes y las palabras son leídas y esta relación, menos costosa, tiende a resumir, a economizar la cantidad de datos, casi siempre lingüísticos, para producir un efecto.
Formato y estilo.
Suelen confundirse los Libros-álbum con los libros ilustrados debido al formato que manejan. No es el formato el que determina el Libro-álbum sino la relación dependiente de los dos códigos presentes. Muchas veces encontramos estos libros en grandes formatos a full color y con papeles lustrosos que realzan la ilustración que puede estar elaborada con diferentes materiales y técnicas, desde acuarelas, hasta material de desecho.
La imagen es el código preponderante en el Libro-álbum, es cierto, pero el estilo del ilustrador, que como ya vimos, comúnmente es el mismo escritor del texto que acompaña las imágenes, es de gran importancia para el tipo de relaciones que se establecen en el libro. No será lo mismo si un autor prefiere usar tinta china y expresarse en blanco y negro o elegir una paleta de colores cálidos para ilustrar el polo norte. La sintáctica y la semántica del color se habrían trastocado en este último caso. El estilo es una manera de dar a conocer, es interpretación.
Como Pierce, el ilustrador Leo Leonni asume la trasformación y el proceso de interpretación del que es objeto la imagen desde la “realidad” que la propicia hasta la figuración icónica:
Una gran parte del trabajo como artista, y como ilustrador de libros para niños, se ha basado en asumir que las imágenes mentales, en lugar de aparecer en nuestro conciente como gestalts completos, evolucionan gradualmente en un proceso de definición paso a paso (Leonni, 2005, p.154)
El proceso de ilustración no es casual ni accidental sino una construcción ordenada y pensada para que el proceso comunicativo sea eficiente. Pero pareciera que la eficiencia, en nuestros tiempos no es virtud suficiente, necesitamos como lectores, de algo que nos empuje a continuar, a no parar de mirar el libro, lo que William Moebius llama: “el drama de dar vuelta a la página”. En Libro-álbum es evidente una manipulación al lector. El formato que maneja: grandes ilustraciones, poco texto y situaciones sugestivas llenas de intertextualidad y connotaciones, dejan en vilo al lector que necesita pasar a la siguiente página para entender lo que apenas se insinúa en las anteriores, con la fortuna que puede hacerlo en pocos minutos. Los Libros-álbum suelen tener poca extensión. Su efecto es casi instantáneo, como un sketch teatral.
Para que se dé el efecto que produce el Libro-álbum, todos los elementos que componen el libro deben participar. “El Libro-álbum conforma una totalidad integrada por todas y cada una de sus partes: portada, guardas, tipografía (Morantz, 2005, p. 19)” Al establecer una relación significativa entre los códigos, todo es susceptible de leerse y por ende, malinterpretarse. Es de cuidado en el diseño gráfico del libro que los elementos que participan contribuyan pero no alteren las cadenas de significantes.
Temas y destinatario.
Los libros para niños fueron producto de una necesidad y no de una inclinación natural del arte. El adoctrinamiento masivo necesario para la evangelización en América por ejemplo, o los fundamentos del socialismo ruso necesitaban de “cartillas”, textos sencillos que pudieran llegar a los más pequeños: el futuro. Este tipo de libros comprometidos ideológicamente tuvieron un efecto secundario: la alfabetización (Fraser, 2005), pero esta sólo fue accidental.
Los temas que se han tratado en los libros para niños, desde sus inicios, tuvieron una clara intención didáctica: enseñar, dar ejemplo y determinar patrones ideal de conducta y moral. Aún hoy estos son parámetros que determinan la publicación de los libros dirigidos a este público, pero el Libro-álbum logró romper con esta directriz tendenciosa y proponer temas nuevos y hasta polémicos, como el caso de Donde viven los monstruos (1963) de Maurice Sendak, criticado por el trato que se representa entre madre e hijo. Si bien estos libros están pensados para los más pequeños, los adultos son quienes los crean y los aprueban; los Libros-álbum, entonces, introdujeron “guiños” que atraen al público adulto, constituyéndose como textos con un doble destinatario.
Lo que hace que los Libros-álbum tengan el éxito asegurado en bibliotecas, salas de lectura con adultos y jóvenes es su capacidad de sintetizar temas trascendentales y universales, atrayentes para los dos públicos, introduciendo intertextualidades sutiles o evidentes, tanto en las ilustraciones como en los textos. Con seguridad el lector-niño de Olivia de Ian Falconer, no logrará descifrar la imagen connotada del poster de Eleonor Roosvelt colgado en el cuarto de la cerdita, pero el lector-adulto podrá hacerlo si maneja el “léxico” (Eco) necesario y lo que Jonathan Culler (1974) llama: competencia literaria: “el conjunto de convenciones para leer los textos literarios” (P. 164). El adulto podrá entablar relaciones significantes mucho más complejas que el niño, pero si no lo hace, juzgará el libro desde su no-saber. “Todos nos inclinamos a juzgar ilustraciones por lo que sabemos más que por lo que vemos (Gombrich, 1966, p. 387).”
Bibliografía citada: Culler, Jonathan. (1974). Poética estructuralista. Barcelona: Anagrama. Cunningham, Hugh. (1994). Los hijos de los pobres. La imagen de la infancia desde el siglo XVII. Recuperado el 07 de agosto de 2009 de http://www.iin.oea.org/iin/cad/SIM/pdf/mod1/Bib%20basica.pdf Fraser, James. (2005). El libro para niños en la unión soviética de los años veinte. En El libro álbum invención y evolución de un género para niños. Revista Parapara clave No 1. Venezuela: Banco del libro. Gombrich, Ernst. (1966). The Story of Art. Oxford: Phaidon. Kenneth Morantz. (2005). Con estas luces. En El libro álbum invención y evolución de un género para niños. Revista Parapara clave No 1. Venezuela: Banco del libro. Leonni, leo. (2005). Antes de la imágenes. En El libro álbum invención y evolución de un género para niños. Revista Parapara clave No 1. Venezuela: Banco del libro. Shulevitz, Uri. (2005) ¿Qué es un libro-álbum? En El libro álbum invención y evolución de un género para niños. Revista Parapara clave No 1. Venezuela: Banco del libro. Teresa Colomer. (2005). El álbum y el texto. En El libro álbum invención y evolución de un género para niños. Revista Parapara clave No 1. Venezuela: Banco del libro.
[1] Esta medalla es el equivalente al premio Hans Cristian Andersen de la literatura infantil y juvenil, pero en ilustración.
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