| La identidad extraviada en City of Glass de Paul Auster |
| Escrito por Gustavo Adolfo Zapata Rico |
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Paul Auster construye un reparto de personajes con ambigüedad definida en su novela, City of Glass (1987). Daniel Quinn, un escritor de novelas de misterio, asume el papel de protagonista. Inmediatamente su identidad es sumergida en la duda cuando Auster define a Quinn como "triad of selves" (6) (“triada de yoes”). Viviendo con los recuerdos de su esposa e hijo quienes están ahora muertos, Quinn se ha hecho un hombre solitario. Sus publicaciones, supuestamente, son escritas por el seudónimo William Wilson. Desde el principio Auster sentencia a su figura principal a la locura, aunque hasta aquí en un grado limitado, afirmando que Quinn "never went so far as to believe that he and William Wilson were the same man" (5) (“nunca fue tan lejos como para creer que él y William Wilson fueran el mismo hombre”). Mientras Quinn es el instrumento de las acciones o simplemente "el maniquí", Wilson es "el ventrílocuo", dejando a Max Work, el detective en las historias de Quinn/Wilson, completar la tríada. Su papel debe "to give purpose to the enterprise" (6) (“dar propósito a la empresa”). Como Quinn anhela removerse a sí mismo de su pasado, deambula por las infinitas calles de Nueva York. Se siente perdido y deshilvanado. Su objetivo es escapar de su mente completamente, erradicar todos los pensamientos y quizás todas los recuerdos, "to be nowhere" (4) (“estar en ninguna parte”). Sin embargo, esas tentativas de despersonalización son breves y Quinn, una vez considerando la posibilidad, decide entrar en una historia. Él se convierte en el detective Paul Auster y asume un carácter similar a su propia creación ficticia, Max Work.
2.1 Quinn emprende búsqueda de la identidad Tener relaciones activas con otros es necesario para mantener una percepción estable de la propia identidad. En City of Glass, Daniel Quinn es presentado como un autor aislado cuyo contacto con otros es restringido a la correspondencia con su agente, con quien él nunca se ha encontrado. Habiendo perdido a su familia, él gradualmente corta todas sus relaciones, incluso quitando las fotografías de su vida anterior de las paredes de su apartamento. Estas son, por decir lo menos, pequeños motivos para construir relaciones significativas que podrían enriquecer una vida. Paul Auster plantea un concepto interesante: “the driving force in everything [he has] written so far lies in a yearning to participate somewhere and to break out of the isolation”, y “imply to be in contact to other people” (“la fuerza impulsora en todo lo que él ha escrito miente en el deseo de participar de algún lugar y escapar del aislamiento […] implica estar en contacto con otra gente”). Daniel Quinn aparece como un ejemplo excelente de esto, como cuando él entra en un restaurante en Nueva York. Aquí él hace sus típicas bromas con el hombre del mostrador, un admirador de los Mets. Durante años ellos han hablado de varios acontecimientos acerca del equipo de béisbol, irónicamente sin aún conocer el nombre de cada uno. Según las reglas de la sociedad su relación no se extiende más allá del intercambio de dinero y servicio, pero desde su fandom (comunidad de fanáticos) mutuo ellos comparten una obligación fuerte. Ellos hablan de los jugadores de los Mets como si ellos mismos fueran parte de la nómina (37-38). En esto, ellos logran el medio para construir sus propias identidades, sin embargo de una manera superficial o artificial. Como una casualidad, Quinn es dotado de la oportunidad de romper el aislamiento. Alguien lo llama y con urgencia pregunta por “Paul Auster. Of the Auster Detective Agency” (“Paul Auster. De la Agencia policiaca Auster”). Quinn cuelga pero la persona persiste hasta que tarde o temprano él toma el papel del detective, planificando una cita con el extraño (11). Han pasado cinco años desde la muerte de su familia, y, como una consecuencia, el final de su buena voluntad de actuar recíprocamente con la gente. Convirtiéndose en el Detective Paul Auster, Quinn aparentemente ha hecho las cosas fáciles, pero de hecho él ha logrado un poco más; ha levantado su embargo sobre las relaciones humanas y ha demostrado su "yearning to participate somewhere and to break out of isolation" (participar de algún lugar y escapar del aislamiento). Esto es un motivo que Auster afirma como central en todos sus escritos (Springer, 2002). Cuando Quinn llega a la casa del extraño, una mujer, Virginia Stillman, lo recibe. Ésta lo deja perplejo. Auster entonces presenta una apelación a los recuerdos de Quinn que, reflexivamente, piensa " remembered things […] have a tendency to subvert the things remembered" (“cosas recordadas […] tiene una tendencia a subvertir las cosas recordadas”). Y va más lejos, diciendo que "as a consequence, he could never be sure of any of it" (Auster, 1987: 13) (“como una consecuencia, él nunca pudo estar seguro de nada de ello”). Quinn, desde luego, habla sobre el encuentro con Virginia Stillman. Es, sin embargo, plausible creer que esta reflexión tiene muchísimo que ver con su situación de hostilidad; Quinn tiene un momento duro recordando a su esposa e hijo e indudablemente se pregunta si ellos fueron alguna vez verdaderos. Si la vida feliz que él dejo hace más de cinco años fue una verdad, ¿cómo puede él estar seguro que alguna vez lo fue? Quinn pronto se encuentra a sí mismo escuchando a Peter Stillman, el persistente hombre del teléfono. Él habla de forma mecánica y, en gran parte, de una manera incoherente. Esperando ser puesto al corriente sobre algún cuento criminal como, sin duda, le sucede a Max Work a menudo en las novelas de misterio de Willian Wilson; Quinn es decepcionado. En vez de recibir un rompecabezas no resuelto, le han dado el remoto incentivo para hacer preguntas sobre su propia identidad. Auster ha rechazado la racionalidad cuando Peter dice, "my name is Peter Stillman. That is not my real name. My real name is Mr Sad. What is your name, Mr Auster? Perhaps you are the real Mr Sad, and I am no one” (17) (“mi nombre es0 Peter Stillman. Ese no es mi nombre real. Mi nombre real es Señor Triste. ¿Cuál es su nombre señor Auster? Quizá usted es el verdadero señor Triste, y yo no soy nadie”). Peter no sólo refleja a Quinn en su propio número plural de personalidades, él también puede ver tristeza en Quinn, indicándole que quizás es ese su nombre. Además, Peter continuamente se dirige a Quinn como "Sr. Auster" ya que es quien él cree que él es. Así, Quinn no está sólo en posesión de múltiples personalidades, sino que se encuentra activamente comprometido al menos en cuatro de ellas a la vez: existe su propio yo "maniquí"; el detective ficticio Max Work, su afirmación de ser el Detective Paul Auster; y hay este nuevo, repentino, pero sorprendentemente relevante, Mr. Sad. Durante el discurso ininterrumpido de Peter, o más bien la descarga de ruidos incomprensibles y oraciones apenas descifrables, Quinn junta bastante información para pintar un cuadro del caso que ha tomado: sin madre, Peter fue educado por su padre, Peter Stillman (padre), quien estaba en busca de la lengua de Dios. En un cruel experimento, el padre encerró a su hijo en un cuarto oscuro sin ventanas, cortándole toda interacción humana. Él golpeaba al niño cuando éste usaba palabras regulares, esperando que, desesperado, el chico de algún modo aprendiera la lengua original de Dios. Después de nueve años, Stillman padre fue encontrado y enviado a prisión. Ahora, trece años más tarde, él debe ser liberado y supuestamente él regresará para matar a su hijo. Aquí es donde Quinn, o más bien el Detective Paul Auster, entra en escena.
2.2 Un mundo arbitrario Habiendo estado sentado durante un día entero de alucinantes revelaciones, al final Quinn se encuentra solo con Virginia. Se siente atraído por ella y piensa en cómo podría verse si no llevara ropa. Virginia explica cómo, con un matrimonio infeliz en su pasado y después de cinco años como logopeda de Peter, casándose con su paciente le ha dado un significado a su vida. Sin embargo, ella parece insegura de sí misma e intenta redimirse de los comentarios de Peter acerca de que a ella no le gusta tener sexo. Una vez que ha terminado los términos del contrato con Quinn acerca del caso, Virginia se lanza sobre Quinn y lo besa salvajemente, diciendo, “That was to prove that Peter wasn’t telling you the truth” (“Eso fue una prueba de que Peter no te estaba diciendo la verdad”), y “I just want you to know what I’m capable of” (32) (“Sólo quiero que sepas de lo que soy capaz”). Parece raro que ella correspondiera a la atracción sexual de Quinn en este episodio cuando ella nunca lo hace de nuevo. Podría ser que Quinn va a la deriva, lejos de la realidad en la cual ella existe y que tal vez no sea la suya. O quizás Quinn ya ha escapado de su burbuja de sanidad y ha caído en aguas inexploradas. Durante su discusión, Quinn satisfactoriamente emula el papel del detective seguro de sí mismo. Comienza por encender un cigarrillo y continúa haciendo preguntas relevantes al caso en una forma profesional. Luego le exige la cantidad considerable de “one hundred dollars a day plus expenses” (30) (“cien dólares más gastos”). Ella le da un cheque por quinientos, como adelanto. Quinn se satisface de saber que está a nombre del Detective Paul Auster y así no podrán relacionarlo con él; por otro lado, no se preocupa de no poder cobrarlo. Quinn ofrece a Virginia una seguridad final afirmándole que él no ha “let anyone down yet” (31) (“defraudado a alguien todavía”). Esto es desde luego verdadero, él no ha tenido ningún caso antes. Sin embargo, Virginia probablemente asume que ello signifique que él había tenido éxito con muchos casos. Confiado y quizás orgulloso de este intercambio al estilo Max Work, Quinn fácilmente podría haber deambulado un poco lejos en su papel. El encuentro romántico con Virginia nunca podría haber pasado. ¿Ella es aún verdadera? Si la respuesta a esta pregunta es no, sería fácil concluir que el beso existió en su cabeza. Quinn toma en consideración historias de casos como el de Peter Stillman junior. Él cita un ensayo en el cual Montaigne afirma que la naturaleza no puede haber negado a la gente un recurso natural para la comunicación cuando todos los otros animales nacen con tales capacidades. Quinn parece pensar que es seguro asumir que él no desconfía que bien pudiera existir una lengua sin el defecto humano. Enunciando un número de casos donde niños que no han tenido ninguna experiencia de comunicación con otra gente son traídos a la sociedad, Quinn repetidamente declara que ellos vivieron sin interés en el sexo ni en el dinero -asumiendo que tales intereses son las señales de integración apropiada a la sociedad-. Con respecto a esta teoría, es importante evaluar cómo la actitud de Quinn y la atención tanto al sexo como al dinero mutan según como él se mueve más lejos y más lejos de su realidad al principio percibida. Primero, está su vívida imaginación de Virginia desnuda; es claro que todavía se mueve sexualmente. En segundo lugar, él no le da importancia a su incapacidad de hacer efectivo el cheque de Virginia; pero en este punto esta carencia de avaricia rudimentaria se debe al hecho de que él tiene, simplemente, curiosidad sobre el caso y porque él ha recibido el papel del detective Paul Auster. Con el recuerdo fresco del entierro de su propio hijo en su mente, el interés personal de Quinn en este caso resulta claro. Auster escribe que Quinn “knew he could not bring his own son back to life, but at least he could prevent another from dying” (35) (“sabía que él no podía traer a su propio hijo de regreso a la vida, pero al menos podría impedir que otro muriera”). Esta parte sentimental crea un sentimiento enfático de compasión que erróneamente podría descartar la teoría de la desilusión de Quinn. Auster realmente, sin embargo, crea un recurso contradictorio por hacer al hijo muerto de Quinn el homónimo de Peter. Esto es una coincidencia inquietantemente apropiada que parece más parte de una historia ficticia (que, desde luego, en grado último, esto es) que la realidad de la vida de Quinn. Pero si seguimos la propia línea de razonamiento de Auster, debemos prestar atención a la noción de arbitrariedad como principio fundamental de la vida. De ahí, uno podría hacer todo lo posible por ignorar la ubicación de Auster, en su novela, aquella que le da la coincidencia significativa de compartir un nombre. Es comprensible que Quinn se animara a tomar el caso, ya que éste le proveyó de la oportunidad, no sólo de proteger a un "niño" de una muerte poco natural, sino de proteger a Peter, un hijo, reflejo del propio hijo de Quinn, quien, en última instancia, falló a la hora de cuidar. La opinión de Quinn concerniente al fenómeno de una lengua impecable es validada cuando él deja el apartamento de Peter Stillman y se pregunta si Peter ve el mundo de la misma manera en que él lo hace, y luego, más filosóficamente, “if a tree is not a tree, […] what is it really?” (“si un árbol no es un árbol […] ¿qué es realmente?”) Él, desde luego, se refiere a la palabra 'árbol'. ¿Qué hace a esta palabra significar 'un árbol'? ¿Si yo lo llamara algo más, sería esto también? ¿Qué es la lengua construida por el hombre si no un acuerdo popular? Con estas preguntas en su mente, Quinn seguramente se cuestiona si no hay, de hecho, una lengua de Dios, una lengua que no esté llena de limitaciones humanas, aquella lengua que el hombre habla. Poco después, Quinn se halla a sí mismo, místicamente, concentrado en un cuaderno rojo. “Almost embarrassed by the intensity of his feelings” (39) (“Casi avergonzado por la intensidad de sus sentimientos”) hacia este cuaderno, él rápidamente lo compra, ignorando que éste será el instrumento de su deceso eventual en la lengua. A medida que avanza la historia, Quinn va perdiendo todo lo que podría convertirlo en un ser social, teniendo en cuenta que ya vivía en soledad, se va despojando de los últimos resquicios de civilización que le quedaban. Se sumerge en la desaparición de hábitos de limpieza e higiene, aparentemente esto se debe a su concentración en el caso, pero su proceso va más allá, en realidad asistimos a la aniquilación del yo, del yo de Quinn. Su personalidad se encuentra escindida de su nombre, de su cuerpo y de su historia personal, el lenguaje ya no le sirve para expresar lo que siente y por ello ha perdido la posibilidad de existir, de configurarse como ente social, el lenguaje como entidad que construye, ha sido extraviado. Su descenso en la escala social y en la escala de su propio ser llega hasta lo más bajo, hasta la última condición admisible, habitar en un contenedor de basura. Su renuncia a la comida representa su deserción a la vida, o por lo menos, a la vida propuesta por los estándares de la realidad denotativa, la que la mayoría asume como aceptable. El alimento permite no morir, y Quinn se ha desprendido de él, alejándose así de la salud y aproximándose a la muerte. Desterrado de la posibilidad de "back into his own story", (“volver a su propia historia). Quinn entra en el apartamento donde Peter Stillman junior vivió. Su razón, o lo que resta de ella, está llena de deseo y quizás de curiosidad. “It no longer matters to him what happens” (126) (“no le importa lo que pasa”), él no tiene miedo de ninguna posible consecuencia, el temor es un concepto que no paga dividendos a un hombre que pierde la noción de su existencia. El apartamento se encuentra completamente vacío y Quinn, queriendo sólo dormir, encuentra un pequeño cuarto para instalarse. Se quita toda su ropa y la lanza; esta ahora sólo con su cuaderno rojo y su pluma. Duerme y despierta, con la inseguridad de si es de noche o de día. Piensa en la vida que tuvo antes de la llamada de Stillman junior; todo había sido una invitación a unirse al caso, un experimento ficticio que le regalaría una aclaración ficticia a un Quinn ficticio. Max Work ya no existe, tampoco William Wilson. Aún, “Quinn can not bring himself to feel sorry” (“no puede sentir pena”) y él “waves goodbye to them in his mind” (128) (les dice adiós en su mente). Luego despierta, Quinn encuentra una bandeja de alimento a su lado. No hace preguntas acerca de la improbabilidad de este acontecimiento porque él sabe, que como él, no es verdadero. En cambio come y se pone a escribir hasta que oscurece. Escribe preguntas que cuestionan la lógica detrás de sus acciones así como las coincidencias extrañas que ocurrieron en su historia. Se pregunta, por ejemplo, qué palabra formaría el mapa de los movimientos de su vida. Casi parece que Quinn dirige estas preguntas a Paul Auster; él tiene curiosidad en cuanto a por qué Auster decidió escribir sobre una cosa y descuidar otra. Siempre que despierta, Quinn encuentra una nueva bandeja de alimento pero él también encuentra que las horas de la oscuridad continuamente derrotan a las horas de la luz. Finalmente, no hay suficiente tiempo para que él coma. En cambio, decide usar ese poco tiempo para escribir en su cuaderno. Auster escribe que “little by little, Quinn is coming to the end” (“poco a poco, Quinn llega al final”), él no sólo se queda sin luz, también sin páginas en su cuaderno (130). Quinn pierde el interés en sí mismo y escribe en cambio sobre “the infinite kindness of the world and all the people he has ever loved” (“la infinita amabilidad del mundo y de toda la gente que él alguna vez ha amado”), “nothing matters now but the beauty of all this” (“nada importa ahora sino la belleza de todo esto”). Él sabe que no hay ningún lugar para a él. Él debe llenar el cuaderno rojo con sus palabras y luego él debe desaparecer. Quinn no está vivo, entonces él no puede morir, pero su historia debe tener un final. Él pregunta, a Paul Auster quizá, “what will happen when there are no more pages in the red notebook?” (131) (“¿qué pasará cuando no haya más páginas en el cuaderno rojo?”) Posiblemente, Auster quiere decir, “the state of illness that is the ground on which the happenings of the world take place” (111) (“el estado de enfermedad que es el terreno sobre el cual los acontecimientos del mundo ocurren”). ¿Qué pasará cuando no haya más días en su vida? En las dos últimas páginas del libro el narrador habla de él. Afirma ser- como Cervantes en Don Quijote- sólo el editor de la historia, la cual, dice él, viene de los apuntes de Quinn en el cuaderno rojo. Esto es, desde luego, mentira; Quinn no compró el cuaderno hasta la página 38. ¿Cómo puede entonces el editor contar lo anterior a esa página? El narrador dice haber acompañado a su amigo, "Paul Auster", al apartamento donde ellos encontraron el cuaderno rojo. Según el narrador, “Auster” debería haber hecho más para ayudar a Quinn y alcanza a decir que él “behaved badly throughout” (132) (“se ha comportado mal en todas partes”). Así, el narrador sería, únicamente, un dispositivo que Paul Auster usa para mitigar su propia conciencia, tal como William Wilson es a Daniel Quinn. Completando la comparación, Quinn podría ser a Paul Auster lo que Max Work es a Quinn. Es aquí donde la ficción traspasa los límites del papel para contribuir en los hechos humanos. Resulta necesario engendrar un personaje que paulatinamente pierde su identidad hasta desaparecer, para como persona, a través del ejercicio de la literatura, recuperar el yo extraviado en el laberinto de la era contemporánea, entre las calles de la gran ciudad. |

