| Un escritor de la Literatura B |
| Escrito por Gustavo Bueno Rojas |
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Soy Soy colombiano, es decir, latinoamericano. Tercermundista. Nací en Cali, la tercera ciudad más importante del país, en 1981, una década que muchos quieren olvidar. Estudié literatura en la Universidad del Valle, una institución pública que según he escuchado, es la tercera de Colombia. Creo que vivo en lado B del mundo. Aunque con la literatura (carrera que nunca tuvo ni tendrá el apelativo de ser la carrera del futuro), me ha ido bien. No me puedo quejar.
Ahora vivo en Bogotá, una ciudad que podría considerar del lado A, por lo menos de Colombia. Estoy estudiando en la mejor universidad del país, una maestría que podría pertenecer al lado B, pero por ser un título de Magister la ubica indudablemente en el conjunto A. Quiero ser escritor, una profesión que en muchos lugares del mundo pertenece al lado A, pero que en mi país, sigue en el B. En realidad yo creo que la literatura indudablemente pertenece a este segundo conjunto. El lado del long play que se escucha al final, pues pienso que desde allí, puede seguir haciendo su trabajo silencioso, el de desnudar el alma humana.
Pero en este conjunto que llamaré B´, indudablemente hay escritores y novelas, que por ningún motivo pasarían por ser literatura B. Es el caso por ejemplo, de Ulises de Joyce, de Cien Años de Soledad de García Márquez; o Don Quijote, o Flaubert o Shakespeare y obviamente el inigualable Borges. ¿Quién se atrevería a cambiarlos de conjunto? Yo no. Estos escritores, a los que llamamos universales, son inamovibles de su lado A, por eso los conocimos primero, pero no hay que olvidar que inevitablemente habitaron primero el otro lado del disco, aunque nadie quisiera recordarlo.
En el otro conjunto podría ubicar escritores como Onneti, que siempre ocupó el segundo lugar en los concursos en los que participó. A Cabrera Infante, que no ha sido muy nombrado, tal vez por vivir en uno de los países más B que existe sobre la faz de la tierra. A este conjunto también podría pertenecer la chilena María Luisa Bombal, a la que hasta ahora se le reconocen algunos logros literarios; la maravillosa Carson McCullers, que se pelea cabeza a cabeza con Faulkner (lado A), por ser una de las representantes más destacada de la literatura del sur de Estados Unidos.
Pero tal vez los que más engordan el lado B de este disco, son los autores nacidos en mi mismo lado del mundo. Y aunque sé que en todas las épocas han existido escritores que pertenecen a este lado B del asunto, solo haré referencia a uno, que creo, es un buen representante de la literatura B de América Latina. Claro, antes de entrar en materia, daré algunos nombres que aseguro pertenecen a este conjunto: Juan Villoro, Rodrigo Fresán, Roberto Bolaño (Aunque creo que ya está haciendo transición al otro lado), Carmen Boullosa, Santiago Gamboa, Santiago Roncagliolo, Pablo de Santis, Andrés Caicedo y Alberto Fuguet, (de quien hablaré a continuación), entre muchos otros.
Fuguet y la literatura B
Roberto Bolaño, el escritor latinoamericano más importante de estos últimos tiempos, en una de sus lúcidas y peligrosas elucubraciones sobre literatura, dijo que los nuevos escritores latinoamericanos venían de las familias de clase baja, del proletariado y del lumpemproletariado. Son escritores, dice Bolaño, que tuvieron padres que se mataban trabajando ocho, diez o doce horas diarias, para poder pagar la educación de sus hijos y poder tener una vida más o menos cómoda.
Fuguet no es la excepción a esta regla. Nació en Santiago en 1964, luego su familia se trasladó California, en donde llevó una vida normal de inmigrante. Vivió hasta los siete años el American life. Luego, por culpa del destino o por la nostalgia de su madre, volvió a su ciudad natal en donde tuvo que acoplarse a un nuevo idioma y a un nuevo estilo de vida. Estudió periodismo y allí confirmó su pasión por las letras.
En el prólogo del libro Primera Parte, que recopila los artículos publicados en periódicos y revistas por Fuguet en los noventas, cuenta como fue la transición del periodismo a la literatura. Una transición extraña, pues como él lo dice, es las dos cosas:
A diferencia de la mayoría de los escritores que tienen clara su vocación desde el momento en que aprenden a leer y a escribir yo siempre quise ser periodista y, ojalá, con suerte critico de cine. El periodismo era mi meta, mi sueño, el blanco donde disparaba mis dardos. […] Era tan enorme mi deseo de ser periodista, y fue tanto lo que me costó ingresar a la Escuela de Periodismo que, una vez adentro tuve que recurrir a la ficción para salvarme de la decepción igualmente enorme que sufrí. Lo otro es que el tipo de periodismo que deseaba hacer (había leído demasiadas veces El nuevo periodismo de Tom Wolfe) no fue recibido con aplausos sino con malas notas. Lo que imperaba era la pirámide invertida. […] «El periodismo no miente», me dijo un profesor viejito sin dejo de ironía. «Escriba cuentos, pero no use el periodismo para inventar». Le hice caso para salvar mis notas. Pero algo ocurrió en el camino y de pronto capté que la ficción podía ayudarme a contar más verdades, por lo menos las mías.
Aunque su relación con las palabras, viene de mucho antes. En la misma antología, en el artículo un lugar donde vivir, explica el inicio de su relación con las palabras:
Tengo conciencia de no ser muy original si digo que a veces veo este oficio muy asociado con la vocación. Con la ansiedad.Mi lazo con la literatura, por lo tanto, no responde a una suerte de fetichismo por las palabras, aunque acepto, más por un asunto de azar o de predestinación que la cosa efectivamente comenzó por ahí- Yo coleccionaba palabras, hacía listas y anotaba lo que la gente decía.
Alberto Fuguet, como muchos de los escritores que entran en esa definición de Bolaño, que tienen que trabajar en algo para poder vivir, ha encontrado en el periodismo un colchón que le permita moverse económicamente, y como muchos escritores, ha hecho de esta profesión una herramienta para expresar literariamente lo que piensa.
Pero no iba a abandonar el periodismo así como así. Desde luego tenía que ganarme la vida. Una cosa me exigí desde el principio: me tocara lo que me tocara y dentro de lo posible, iba intentar enfrentar cada artículo como si fuera un cuento. O por lo menos, pensando que capaz que alguien fuera a leerlo.
En esa medida en Fuguet, y en muchos escritores, el periodismo ha alimentado su literatura. Un ejemplo que hay que resaltar en la obra del escritor chileno es la novela Tinta Roja, en donde el protagonista es un joven escritor y periodista en ciernes, que entra a hacer la práctica en un periódico sensacionalista llamado El Clamor. Fuguet narra todas las vicisitudes, al pie de la letra, que tiene que atravesar el nobel periodista para aprender el oficio.
Las historias de Fuguet no podrían inscribirse, tal vez, en las grandes historias de la literatura universal. Son relatos que fácilmente podríamos enmarcar en el conjunto B. Sus historias, como las de muchos escritores latinoamericanos que pertenecen a la generación de McOndo, son historias reales, que pueden pasarle a cualquiera. En el famoso prólogo de la antología que lleva el nombre de esa generación, Fuguet y Sergio Gómez lo explican.
(surrealista, loco, contradictorio, alucinante) como el país imaginario donde la gente se eleva o predice el futuro yEn nuestro McOndo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados. Latinoamérica, y de alguna manera Hispanoamérica (España y todo el USA latino) nos parece tan realista mágico los hombres viven eternamente. Acá los dictadores mueren y los desaparecidos no retornan. El clima cambia, los ríos se salen, la tierra tiembla y Don Francisco coloniza nuestros inconscientes
Hemos conocido tus libros gracias a unos saldos que estaban muy baratos, y en ella podemos encontrar que tienes cierta fascinación por los materiales B para hacer tu literatura, periódicos amarillistas, películas catalogadas como tales, el mundo pop, etc.Yo no veo lo veo tanto como B, en el sentido de que no es A, como el ballet, Shakespeare, la ópera o las grandes literaturas. Incluso los Estados Unidos para América Latina es B. El gran arte viene como de Europa, de Paris. Y no diría que es una fascinación, diría que es una comodidad, es lo que tengo más cercano, porque de alguna manera yo soy latinoamericano y me he criado en un ambiente B. Soy de Santiago y no es que todo el día está viendo películas europeas. Creo que uno tiene que transformar en arte, cine o literatura los materiales que tiene cercanos y de alguna manera ese fue el material que tuve cerca. Yo creo que si me hubiera criado en otro ambiente, como el ballet, la ópera escribiría cosas distintas. […]Quizás estoy en la minoría del mundo de la élite cultural. Pero si me siento cercano a la mayoría de la gente que lee, que procesa, en el buen sentido de la palabra, los productos culturales. Todos los que nos hemos criado de la televisión tenemos muchos discos duros comunes. Son todos discos de la misma cultura. […] Ese es el verdadero diálogo del artista con el público y es allí cuando uno siente que hay libros más cercanos y otros no. De verdad estoy contento con lo que me dices, preferiría que no hubieran sido saldos, pero llegaron a mi encontrándome de una manera B.
En efecto, la literatura de Fuguet refleja todo ese mundo que en que vivió y en que vive. Un mondo lleno de cine, de rock, de literatura A, de periódicos sensacionalistas. En Mala Onda, su primera novela, refleja todo esto. Es un homenaje a los años ochenta. Matías Vicuña se pasea por Santiago tratando de descubrir un nuevo mundo, pero en realidad no encuentra nada nuevo. En las Películas de mi vida, a Beltrán Soler, en el aeropuerto de de Los Ángeles se le vienen a la cabeza las cincuenta películas que marcaron su vida, desde Aeropuerto 77, hasta Tiburón. En Por favor, rebobinar Fuguet a través de Enrique Alekán y Lucas García hace una irreverente radiografía del mundo moderno que se vive a finales del siglo.
Por último, su relación con la palabra, podría catalogarla de una manera A. Es una relación intimista, Fuguet busca en ella, una manera de autocontrol, busca un lugar donde vivir, lo mismo que buscan los escritores que nacieron en Europa o Latinoamérica, los que pertenecen a la cara A del disco.
Cuando escribo, busco control. Y al escribir uno controla, lo que es una respetable perversión, lo que quizás redime este oficio y lo transforma en algo parecido a un arte. Supongo que esa es la verdadera razón por la cual he optado por vivir de una manera literaria. Es por la posibilidad real de dominar lo indomable, de darle orden al caos interno y externo de todos los días. Creo que lo hago porque mientras escribo, siento al menos que tengo un lugar donde vivir. Un lugar donde estoy completamente cómodo. |

