| Mala onda |
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| Escrito por Gustavo Bueno Rojas |
| Domingo, 03 de Enero de 2010 10:52 |
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Impresiones de una relectura
No practico mucho el ejercicio de la relectura y desoigo el consejo de Borges sobre el particular: no hay que leer, hay que releer. Pienso que la vida es muy corta para repetirse los libros o las películas. Me interesa más descubrir autores y libros, que volver a lo que ya he leído. Aunque en ocasiones, me he topado con libros que se ganan el derecho a que vuelva a ellos. He vuelto a leer la primera novela que escribió Alberto Fuguet, Mala onda. No releí a este libro porque mereciera una segunda lectura, sino por una obligación académica. Pienso que ningún libro de Fuguet, merece otra lectura que la primera. No porque sean malos, al contrario, las historias que escribe me parecen interesantes, es un buen narrador, es buen escritor, me gustan los libros del chileno, pero también pienso que hay mejores escritores que él. Además si me quedara releyendo algún libro suyo, no me quedaría tiempo para leer sus nuevas obras que se publican a menudo y además suelen ser extensas.
Leí Mala onda por primera vez más o menos en el 2003 ó 2004, no lo recuerdo bien. Antes había leído Tinta roja, que en mi concepto es la mejor novela de Fuguet; le había metido el diente a Por favor, rebobinar que me pareció interesante, pues había un buen juego narrativo. Luego leí Las películas de mi vida, esa no me gustó tanto, me aburrió. Después leí sus cuentos y la antología McOndo y hace poco terminé de leer Mi cuerpo es una celda, la autobiografía de Andrés Caicedo que editó el año pasado. También he leído sus guiones, pero todavía no veo su película.
En la primera lectura que hice de Mala onda, me causó un buen impacto, enganché, diría Fuguet. Por esos días estaba interesado en la literatura de corte urbano, que describiera calles, caminatas largas, recorridos de autobuses. Por eso me gustó. No me acordaba bien de la historia, que en esa primera lectura que hice no me importó mucho. Me acordaba más bien de las largas caminatas de Matías Vicuña, el protagonista adolescente de la novela, de las fiestas a las que iba y de las drogas que consumía. No me acordaba mucho de su viaje a Brasil ni del gran Alejandro Paz de Chile, ni de la relación tan particular que Vicuña lleva con su padre y con su familia en general.
En este segundo ejercicio de lectura confirmé mi gusto por la literatura que hace Fuguet. Mala onda es una obra que muestra la realidad de un país atravesado por la dictadura, sumido en el miedo. Muestra un Santiago de Chile cubierto de desesperanza, con unos personajes que no tienen otra opción que aceptar su realidad. Una realidad oscura y un futuro no muy prometedor.
Matías Vicuña es el protagonista y narrador de la novela. Un adolescente de 17 años, de clase alta que está harto de lo que lo rodea, el mundo lo tiene aburrido, cansado, deprimido y, sobre todo, decepcionado. Busca en la ciudad una respuesta a su amargura, a su decepción. Se sumerge en las drogas y en la noche de esa Santiago que espera la fecha de plebiscito, para ver si cambian o siguen por lo mismo. Vicuña mira la vida a su modo, un modo diferente, un modo en donde el futuro es oscuro y en donde todo puede ser peor.
Alberto Fuguet ha escrito una novela de iniciación, en donde el mundo que se abre para su protagonista es el del no futuro, en donde todo está podrido, un mundo lleno de mala onda, de vibraciones negativas, en donde nada se puede esperar, en donde es mejor no crecer, porque ser adulto no es la solución.
Debo confesar que fue un ejercicio interesante volver a Mala onda. Nadie se baña dos veces en el mismo rio, dijo Heráclito. Fuguet es uno de los mejores autores latinoamericanos de fin de siglo, pero sigo pensando, que todavía no entra mi lista de autores a los que hay que volver recurrentemente, pero está en la lista de los autores que proponen una nueva manera de ver el mundo, y por eso hay que leerlo. |
| Última actualización el Domingo, 03 de Enero de 2010 10:59 |




